Desperté entre gatos.
Creo que desperté entre gatos, desperté entre sonrisas y
abrumadoras nubes del puerto, el supuesto comienzo del giro sombrío de la
bohemia, y el caos marginal sintetiza la enfermedad de la muerte, la
perversidad del estado individual que priva de los instantes mismos de la
libertad, es vivir la dicha y la desdicha en los sueños embriagadores de una
botella.
Desperté entre gatos por que la ligereza de la demencia no
está en la cárcel de la locura, está en la desdicha de la triste monotonía, las
crónicas del reloj, el corazón de todas nuestras prestezas nos sustentan al
Maquiavelo indómito de nuestra esencia creada, incendiar el corazón es
transcender la linealidad del paradigma que nos une, es conocer y desconocer es
construir y desconstruir cualitativamente sin el dominio del orden del segundo.
Desperté con los gatos porque sus miradas reflejan el azar de la vida, condenan el dolor y se
fatigan calculando el placer del apoyo, confiesan la comprensión de los sordos,
cierra las bocas a los heridos y se delatan con cada rasgo de resistencia
Desperté como un gato que camina entre cerros como una
anestesia natural al desayuno ritualista de cada mañana, como un animal salvaje
que no necesita saber de verdades ni de escenarios futuros, solo necesita
prender los ojos y los pies y satisfacer a esa felicidad autoritaria que ejerce
poder a los sentimientos
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